Perú podría tener a la primera mujer presidenta en su historia; aunque esta noticia marcaría un hito en la paridad sustantiva del país, la noticia deja un panorama agridulce para la región. 

En medio de una extrema incertidumbre, y después de que el pasado 7 de junio las y los peruanos salieran a votar en la segunda vuelta presidencial, Perú aún no tiene presidente debido a un margen de diferencia mínimo entre Keiko Fujimori, que representa a Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú.

De acuerdo con la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), ya han sido procesadas alrededor de 98.650% de las actas, dándole una mínima ventaja a Fujimori con un porcentaje del 50.051%, mientras que Sánchez llegó al 49.949%.

El margen es de apenas 18 mil 601 votos; esta cifra, aunque pequeña, es significativa, pues la población está dividida. Aunque el sistema de la ONPE ya no registra actas pendientes de procesamiento, existen 1 mil 305 actas que han sido enviadas a los Jurados Electorales Especiales (JEE) para su revisión y resolución. 

El problema reside en que estas actas en revisión podrían contener hasta 390 mil votos, lo que aún podría alterar el resultado final.

¿Quién es Keiko Fujimori?

La historia familiar de Keiko Sofía Fujimori Higuchi está directamente relacionada con su carrera política.  Hija primogénita del ex presidente autócrata, Alberto Fujimori, y de la ex congresista Susana Higuchi, Keiko Fujimori creció en el centro de una familia japonesa inmersa en la política peruana. 

Su trayectoria pública comenzó a los 19 años cuando asumió el rol de primera dama de Perú en 1994, tras la separación de sus padres en medio de denuncias y escándalos de corrupción y abusos de poder que se intensificaron después del autogolpe de Estado en Perú de 1992, conocido como el “Fujimorazo”.

A pesar del tenso clima político, Fujimori se formó profesionalmente en Estados Unidos, obteniendo títulos en Administración de Empresas por la Universidad de Boston y un MBA por la Universidad de Columbia y regresó a Perú para convertirse en la líder del partido Fuerza Popular

Esta no es la primera vez que Keiko Fujimori intenta llegar a la presidencia de Perú, lo ha intentado en cuatro ocasiones diferentes —2011, 2016, 2021 y 2026—, alcanzando la segunda vuelta en todas ellas. Aunque Fujimori persiste en ser electa presidenta sin triunfo, esta segunda vuelta podría marcar un rumbo diferente. 

La agenda regresiva de Fujimori

¿Qué implicaría la llegada de Keiko Fujimori a la presidencia de Perú? El historial de autoritarismo, represión y corrupción no se borra, es una herida abierta presente en la vida de las y los peruanos. Convertirse en la primera mujer presidenta de Perú no garantiza que su agenda no profundice la violencia y perpetúe la concentración del poder. 

Como señala la organización Proyecto Igualdad Perú, “Un voto feminista no siempre es elegir una opción perfecta: en ocasiones, significa impedir que el autoritarismo avance (...) Consiste en defender las condiciones mínimas desde las cuales aún es posible organizarse, resistir y disputar agendas”.

Y es que la agenda política de Fujimori continúa con la línea conservadora que pone al frente políticas de “mano dura” contra la criminalidad, favorecer al libre mercado sobre los intereses de las y los ciudadanos y restringir derechos esenciales, como los derechos reproductivos y sexuales

Desde el inicio de su carrera política, Fujimori ha defendido los “valores tradicionales”: en 2016, durante su segunda candidatura presidencial, Keiko Fujimori se manifesto en contra del aborto en casos de violación y añadió que defendería “la familia, rechazar la unión civil, el matrimonio homosexual y la adopción de niños por parte de las personas del mismo sexo”, como reportó el medio digital DW.

En 2021, durante la tercera campaña presidencial de Fujimori, en la que se enfrentaba a Pedro Castillo, la población LGBTQ+ vivía con miedo, discriminación y segregación, un panorama que se construyó sobre los cimientos del colonialismo y se reafirmó en el siglo XX, con la violencia y discursos de odio, como señaló el sitio de periodismo Agencia Presentes en un reportaje de 2023: “Ganara o perdiera cualquier candidato, Sandra suponía que las mujeres trans estaban en la mira” se lee en el reportaje. 

Hoy el panorama no es diferente. Los derechos continúan pendientes de un hilo muy delgado. Otro ejemplo de la agenda regresiva es la no ratificación del Acuerdo de Escazú, el primer tratado ambiental de América Latina y el Caribe que entró en vigor el 22 de abril de 2021 con el propósito de, por un lado, garantizar información ambiental y justicia ambiental, así como reconocer, proteger y brindar seguridad a las personas, grupos y organizaciones que defienden los derechos humanos en asuntos ambientales.

Durante el debate presidencial del 1 de abril, previo a la primera vuelta de votaciones, Fujimori afirmó que su gobierno no estaba interesado en la ratificación del acuerdo. “No estamos de acuerdo con la ratificación de este acuerdo porque creemos que los más importante es la presencia del Estado en nuestra Amazonía”, dijo, argumentando que la región necesita atención del Estado con “urgencia y seguridad”. 

Ante esta postura, organizaciones activistas como Mocicc Perú se preguntan “¿Qué harán para garantizar información ambiental pública y accesible?, ¿Cómo asegurarán participación real en decisiones que afectan territorios y comunidades?, ¿Qué medidas concretas proponen para proteger a defensoras y defensores?”. 

Mientras no haya presidente o presidenta, las dudas persisten y la tensión aumenta; sin embargo, es necesario recordar que tener una mujer presidenta tampoco garantiza una agenda con perspectiva de derechos humanos, diversidad, y territorios. 

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