Los feminismos llevan años luchando por nombrar, ya sea recuperando los nombres de aquellas mujeres que hicieron historia y fueron borradas, así como combatiendo el “neutro” masculino que tanto dice sobre quiénes llevan la narrativa de las sociedades. Se nombra a las desaparecidas, a las víctimas de feminicidio, a las luchadoras, a las activistas. Se nombra, también, en femenino y en plural, para recordarles que aquí estamos, que resistimos y que no nos iremos a ninguna parte.
Pero, también, la lucha ha sido por nombrar lo que nos pasa, las violencias múltiples de las cuales somos víctimas y cuyo concepto empezó a configurar una nueva forma de ver la vida y trazar, más lento de lo que nos gustaría, un camino para erradicar esas violencias.
“Feminicidio emocional. El drama de las mujeres muertas en vida” (Trilce Ediciones, 2026) es el primer libro de María Elena Esparza Guevara y es fruto de su lucha por nombrar la violencia psicológica —la más prevalente y, quizá, la más normalizada— con el objetivo de visibilizarla, medirla y, eventualmente, erradicarla.
En entrevista con La Cadera de Eva, la autora —fundadora de Ola Violeta, Doctora en Historia del Pensamiento, Maestra en Desarrollo Humano y colaboradora de este medio—, nos cuenta sobre el proceso de escritura, los retos y las propuestas que el libro plantea para repensar la forma en la que entendemos las violencias que no dejan moretones, pero sí arruinan vidas.
Tú trabajaste un concepto nuevo que busca nombra algo que vivimos muchas. Cuéntame cómo acuñas la noción de “feminicidio emocional”
Yo empecé a trabajar con el tema de atención a víctimas de violencia de género y, sobre todo, prevención de esas violencias. Entonces, esto fue parte del trabajo que hice de tesis para la maestría en desarrollo humano, porque yo quería encontrar una forma de conectar la conciencia corporal.
Muchos años me dediqué a ser profesora de yoga y veía, en los cuerpos de mis alumnas, el efecto a nivel de conciencia que tiene habitarte. Empecé a notar que había ahí un hilito por el cual podíamos irnos para prevenir la violencia de género.
A mí me tocó muchas veces trabajar con mujeres que llegaban al shala, que es el salón de yoga, muy atormentadas por agresiones que estaban sufriendo y sin saber bien cuál podía ser una manera de empezar a poner límites, porque incluso la voz les estaba negada, les estaba cortada, anulada.
Entonces, empecé a trabajar el tema de la de la tesis de la maestría. Te digo la verdad, Luciana, fue un momento en el que yo estaba escribiendo una columna, en ese tiempo yo era columnista en Reforma, y quería escribir sobre violencia psicológica, pero no quería titularlo otra vez igual. Y cuando estaba buscando la cabeza dije: "le voy a poner estar muerta en vida." Y así es como nació el concepto, en realidad. Inició con la noción de lo que se siente estar muerta en vida y eso evolucionó a estas dos palabras que a mí me parecen muy contundentes y que sé que tienen su polémica y que me las han cuestionado también en foros feministas y ¡qué bueno! porque de eso se trata la discusión y la reflexión.
El feminicidio emocional es esta vivencia atroz, esta violencia psicológica continua. Además la violencia psicológica de género es la más prevalente, es la más difícil de identificar, por lo tanto, es la que tiene también más cifra negra. A lo largo del libro muestro cómo todo el sistema te juzga como loca, intensa, dramática cuando expresas tus límites ante ella.
Entonces, el término feminicida emocional no pretende de ninguna manera minimizar la crisis feminicida que estamos viendo y que ahí está: los números son escandalosos y la crisis feminicida es real. Lo que yo quiero al hablar de feminicidio emocional es alertar de esta otra expresión de la violencia de género que, además, puede escalar a la violencia física. Hay un dato muy interesante de Estados Unidos donde miden las líneas de emergencia que atienden a mujeres y encontraron que el 98% de las mujeres víctimas de violencia física habían sufrido o han sufrido también violencia psicológica. Está conectada.
Pero aún si no llega a los golpes, que suele ser una forma de desacreditar a la víctima, es una violencia que te tiene destrozada, te tiene destruida la autoestima y transformado el autoconcepto.
Así es como nació y luego evolucionó a ser “feminicidio emocional” y esa fue la tesis del doctorado. Para sostener, sustentar y argumentar que, efectivamente, puede una estar muerta en vida, yo recurrí a fuentes filosóficas clásicas y modernas para sostener tener esta idea de que el daño que le hacemos al alma, a lo inmaterial puede ser tan perjudicial como el que se le hace al cuerpo, aunque no deje marcas visibles.
Mencionas al inicio del libro que es este es un concepto que vienes trabajando desde hace un tiempo y que, incluso, lo has compartido en foros feministas. ¿Cómo se ha nutrido el trabajo de este intercambio? ¿qué comentarios has recibido?
Yo hablo mucho de este tema, ya sea en la comunidad de académica o desde Ola Violeta. Precisamente, en Ola Violeta hacemos mucha incidencia para colocar este tema en la conversación digital y entre las más jóvenes y lo hacemos pues valiéndonos de todos los recursos, ¡de los ternurines, si hay que usarlos!
Y le va muy bien, cuando logramos conectar con las más jóvenes y, creo, que estamos haciendo una labor preventiva importante desde ahí.
Es muy sorprendente lo que me han regresado las mujeres, Luciana, porque cuando yo llego a dar una conferencia o a participar en una mesa con ese título, primero, genera intriga. Pero, la reacción interesante, es la que viene cuando se acaba el evento. En general, se hace una fila de mujeres que quieren decirme: "yo me siento así, no sabía que eso tiene un nombre"; “todos me decían que estaba exagerando”; “todos me decían que le echara ganas”; “todos me decían que no era tan importante porque no me había pegado”.
Es muy difícil ir a denunciar violencia psicológica, ¿qué le va a pasar a esa carpeta? Tenemos un sistema que lo complica cada vez más, y entonces, aparece el femosísimo “calladita te ves más bonita”. Y así aprendemos a callarlo.
Toda la tesis del del libro está construida a través de la corporalidad y el cuerpo entendido, también, como emoción, como intelecto. Esa parte interior, que te constituye como persona, y en, última instancia, es lo que te quita el feminicidio emocional: tu dignidad como persona.
El libro incorpora conceptos filosóficos, académicos y, por supuesto, aborda un tema muy doloroso, pero tiene también un componente esperanzador.
Sí, es un libro esperanzador y es un libro que está creado con sustento académico, pero no está redactado de manera académica, está redactado de manera muy ligera.
Y algo importante me parece, Luciana, es que le está hablando a los hombres también. No es un libro solamente para nosotras. Eso pasa mucho: los contenidos feministas muchas veces hablamos nosotras con nosotras mismas y, luego, la otra mitad de la sociedad ni se entera o no se siente aludida. Entonces, el libro le habla a los hombres. Y yo creo que es esperanzador porque todo lo que se aprende se puede desaprender. Hemos aprendido a relacionarnos de esta manera tóxica, pero también podemos desaprenderlo y hacia allí va el mensaje final del libro.
De hecho, una gran alternativa es el yoga y mindfulness, que son dos prácticas ancestrales que han tenido demostración efectiva en muchísimas pruebas psicológicas y médicas de que pueden ser una alternativa para conectar con la experiencia y para sanar el trauma.
Para terminar, me gustaría saber qué te gustaría que pasara con el libro, qué te gustaría generar y qué viene para ti como escritora.
Lo que me gustaría es que al libro lo consuman las mujeres, que se lo pasen, que se lo presten. Que si tú ya lo compraste, se lo prestes a tu hermana y luego a su prima y luego a una amiga y luego una vecina. Que no sea un libro que se quede acomodado en un librero, sino que tenga la mirada de muchas mujeres y que, en colectivo, podamos construir un tejido sororo que nos sostenga.
En mi caso, mi sueño es escribir, escribir y escribir todo el día y todos los días. De hecho, estoy trabajando en otro libro, que espero este tener pronto. Ahora tengo mucho menos tiempo, entonces me cuesta mucho más trabajo. Pero es un concepto que es muy coyuntural y que está construido también desde los feminismos y desde el cuerpo, porque para mí el tema es el cuerpo. Yo estoy convencida de que, desde las corporalidades, nos podemos explicar muchos fenómenos. Este nuevo libro aborda el narcomachismo, pero ya hablaremos de eso.
Feminicidio emocional se presentará por primera ocasión este lunes 21 de septiembre a las 18h en la Librería Bonilla, ubicada en Miguel Ángel de Quevedo 477, Coyoacán, CDMX.

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