¿Cómo reflexionar, compartir y ejercer las tareas de cuidados en comunidad?

Desde hace ocho años, investigadoras e investigadores del Centro de Investigaciones Económicas, Administrativas y Sociales (CIECAS) colaboran con diferentes colectivas y cuidadoras, participan de manera autogestiva y crean redes con personas de otras ciudades y países para intercambiar dudas, experiencias y saberes prácticos sobre el cuidado.

Tras unos cinco años de trabajo conjunto, el equipo de investigación y personas cuidadoras, identificaron que, aunque existían muchas dudas sobre cómo cuidar, las personas también poseían un valioso conocimiento basado en su propia experiencia, por lo que crearon las “Jornadas de Cultura de Cuidados”, espacios públicos para compartir saberes en comunidad, 

Este ejercicio impulsó la creación de una escuela que tuviera como propósito recuperar los conocimientos técnicos de profesionales de la salud y de otras áreas pero, sobre todo, integrar los saberes y vivencias de quienes han ejercido el rol de cuidadores.

Foto: Cortesía
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Así nació la Escuela de Cuidados y Saberes, un proyecto aprobado por la SECTEI (Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación) que busca romper estereotipos de género en torno al cuidado y promover la corresponsabilidad y la redistribución de estas tareas mediante los saberes comunitarios. 

En entrevista con La Cadera de Eva,  Ana Lilia Valderrama Santillanes, coordinadora de un grupo de investigación en Economía del Cuidado y Autonomía Económica en la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional (IPN), psicoterapeuta y cuidadora explica que “este tipo de proyectos, como la Escuela de Cuidados y Saberes, es una gran herramienta porque nos permite trabajar de manera plural con personas cuidadoras, organizaciones, especialistas en salud, la academia e instituciones públicas”.

Desde la Escuela de Cuidados y Saberes, ¿cómo se explora el autocuidado como base fundamental para hablar del tema?

El autocuidado es un tema transversal en la Escuela de Cuidados y Saberes. Como primicia, la metodología que hemos desarrollado no busca únicamente enseñar a cuidar a otros, sino enseñar a toda la comunidad a cuidar la vida en general. Esto implica tener herramientas para sostener la vida, incluyéndome a mí misma a través del autocuidado.

El autocuidado es un eje transversal en todas nuestras unidades de aprendizaje. De hecho, nuestra primera unidad de trabajo se titula “Cuidar y compartir la vida”, donde buscamos reconocernos como personas que hemos cuidado y que hemos recibido cuidados, entendiendo que esto es lo que sostiene nuestra existencia.

En la actualidad, la conversación que gira alrededor de los cuidados se entreteje con la necesidad de nombrar la pobreza de tiempo que sufren las mujeres. ¿Cómo abordan estas diferentes líneas de trabajo?

Es un punto muy importante. Con estos grupos hemos identificado que, efectivamente, el cuidado está estrechamente vinculado al trabajo no remunerado que realizamos las mujeres. Sin embargo, también hemos visto que en estos grupos de personas cuidadoras hay diversidad: hay bastantes compañeros hombres que cuidan o han cuidado, y que al terminar sus ciclos consideran dedicarse a esto en el futuro.

Al pensar en la escuela de cuidados y saberes con ellas y con ellos, buscamos un espacio que ayude a romper los estereotipos de género. Queremos un espacio que mire el cuidado más allá de lo tradicional, enfocándose en la corresponsabilidad y la redistribución. Hasta ahora, los compañeros muestran mucho respeto por el trabajo histórico de las mujeres, y es interesante ver cómo varias compañeras se han sensibilizado al notar que los hombres también pueden cuidar. Son nudos que debemos seguir abordando y desatando.

Foto: Cortesía
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¿Cuáles son los aprendizajes que han surgido de estos ejercicios y cómo podríamos democratizar esta conversación en el espacio público para visibilizar la participación de todas las personas en los cuidados?

Este tipo de proyectos, como la Escuela de Cuidados y Saberes, es una gran herramienta porque nos permite trabajar de manera plural con personas cuidadoras, organizaciones, especialistas en salud, la academia e instituciones públicas. Llevar esta información, estos diálogos y el debate sobre la redistribución y el reconocimiento del trabajo a los espacios públicos ha sido fundamental.

Desde hace unos años realizamos las “Jornadas de Cultura de Cuidados” en plazas públicas y lugares de reunión comunitaria en diversas alcaldías, como afuera de los mercados los domingos, donde acuden familias enteras con grandes necesidades de cuidado. Estas estrategias de unión facilitan la corresponsabilidad y llevan el tema al diálogo cotidiano.

Al diseñar estas jornadas, nos preguntábamos por qué la gente suele huirle al cuidado como si fuera una papa caliente. Decidimos que debíamos cambiar la narrativa y entender el cuidado como algo esencial para la vida. Así surgió la idea de hacer una fiesta popular en espacios públicos con música, intercambio de experiencias y talleres cortos para aprender a cuidar de manera más justa. 

¿Cómo se integran los saberes a una propuesta horizontal basada en el aprendizaje comunitario, el diálogo y el intercambio de ideas?

Ha sido muy interesante porque nos ha permitido reconocer la pluralidad de quienes cuidan. Aunque las estadísticas muestran que es una labor feminizada, también vemos a infancias y adolescencias cuidando, donde el género no es el único factor determinante.

Otro aprendizaje clave de la comunidad es el concepto del “binomio del cuidado”, la importancia de no enfocarse únicamente en quien recibe el cuidado, sino de entenderlo como una relación. Las cuidadoras nos cuestionaban por qué se invisibiliza su propia existencia frente a la del familiar que atienden.

Asimismo, mantenemos un debate constante sobre los límites entre el conocimiento técnico de la salud y los saberes tradicionales, como el uso de plantas medicinales. Aunque son útiles, en situaciones de salud especializadas pueden resultar contraproducentes y afectar órganos como el hígado. También discutimos saberes prácticos como aprender a inyectar, que se transmiten generacionalmente pero conllevan una gran responsabilidad. El límite entre los saberes, las prácticas y la protección legal es un tema que seguimos debatiendo en la escuela, pero visibilizar estos tres ejes ya representa un gran avance.

Foto: Cortesía
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¿Cómo podemos hablar en el ámbito privado sobre estos tres ejes del cuidado, para hacer conciencia en la familia, con amistades y en la comunidad?

Considero fundamental impulsar y motivar a las lectoras a no soltar sus redes de apoyo. El aislamiento que a veces imponen las necesidades constantes de cuidado hace que nos encerremos en el espacio privado y olvidemos que somos seres sociales e interdependientes. Yo siempre digo que los vínculos nos salvan la vida, tanto los que generamos como, a veces, la empatía de los demás al notar que carecemos de ellos y decidir acercarse.

Finalmente y de manera personal, ¿cómo ha cambiado tu percepción sobre tu propio ejercicio de cuidar, tanto en tu entorno como en la comunidad, a lo largo de estos ocho años de trabajo?

Siempre he sido cuidadora; la vida me llevó a asumir ese rol. En un principio no me lo cuestionaba, solo sabía que debía hacerlo. Después comencé a cuestionarlo y a reconocerme como persona cuidadora. Analizarlo en comunidad, apoyarme en mis redes y contar con el tejido de mujeres maravillosas a lo largo de mi vida me ha permitido buscar herramientas para no abandonar mis proyectos propios y continuar con ellos, en lugar de dedicarme exclusivamente a cuidar. Definitivamente, no lograría nada de lo que hago sin una red de personas que me sostienen a mi lado cuando me caigo.

Para mí, esto va mucho más allá de mi labor como investigadora o como psicoterapeuta; es algo que vivo y experimento como una construcción colectiva para dejar un mundo un poco mejor a quienes nos ha tocado vivir la desigualdad de los cuidados.

NOTA: Para asistir a las actividades y jornadas, puedes acceder a sus redes sociales a través de este enlace. 

¿Qué piensas? Te leemos en los comentarios.