¿Has escuchado la frase “este junio es el mes en el que los hombres “fifas” y los hombres de la comunidad LGBTQ+ llorarán por otro hombre?
Este Mes del Orgullo es atípico; en medio de las conmemoraciones por las vidas de las personas de la comunidad LGBTQ+ y las luchas por sus derechos ocurre un evento imposible de evadir: la Copa Mundial 2026. Ya sea que seas aficionada del deporte o que aproveches este momento para denunciar, exigir y visibilizar la crisis social en el país en sus diferentes esferas, el torneo más visto del mundo está presente.
En este contexto, la FIFA vuelve a presentarse como una institución promotora de la diversidad. Sin embargo, activistas y organizaciones de derechos humanos denuncian contradicciones entre sus discursos y sus acciones. Te contamos.
¿Qué es el pinkwashing?
El pinkwashing es el uso estratégico y superficial de los derechos LGBTQ+ para proyectar una imagen progresista e inclusiva con un solo objetivo: distraer la atención de comportamientos, políticas o prácticas negativas para mejorar la reputación de una entidad, institución o corporación sin un compromiso real con la comunidad.
Este término es sumamente popular y es utilizado en diversas causas, como en la lucha de las mujeres por el acceso a una vida libre de violencia (purplewashing), cuando empresas afirman que realizan acciones sustentables pero en realidad sus actos son contaminantes para los ecosistemas (greenwashing), cuando marcas o instituciones apoyan cualquier causa de justicia social únicamente para mejorar su reputación pública y aumentar ventas (wokewashing), e incluso cuando los colores de la bandera LGBTQ+ se utilizan de manera oportunista de parte de marcas, sin que existan políticas internas de inclusión para sus empleados o apoyo económico a la comunidad (rainbow-washing, relacionado directamente con el pinkwashing).

Sin embargo, el término pinkwashing tiene una larga historia. El concepto surgió en círculos activistas y fue popularizado por la académica Sarah Schulman en referencia a la estrategia de Israel de resaltar los derechos de hombres gays para justificar las críticas por su trato al pueblo palestino.
FIFA: pinkwashing y performatividad
En cada mundial sucede lo mismo: la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) proyecta una imagen de supuesta inclusividad, pero continúa sin proteger a los deportistas y aficionados LGBTQ+. Y es que la organización ha sido acusada de tokenizar banderas LGBTQ+ durante los partidos mientras falla en proteger a los jugadores en el campo.
Un ejemplo reciente sucedió en las preparaciones previas al partido entre Irán y Egipto, que se jugará el 26 de junio en Seattle. La FIFA confirmó que las banderas arcoíris están permitidas bajo su Código de Conducta después de que se hiciera una petición para su prohibición. Como señala el activista británico, Peter Tatchell, en el artículo, FIFA letter fails to protect gay footballers, once países competidores prohíben a jugadores LGBTQ+ participar en los torneos.
“La respuesta de la FIFA plantea serias dudas sobre por qué se permite competir a equipos de países que penalizan la homosexualidad, sin que se les pida que confirmen si los futbolistas homosexuales serían elegibles para la selección”.
La exclusión en México
Hoy, la FIFA quiere proyectar una imagen de “inclusividad” pero hace cuatro años, durante el Mundial de Catar 2022, la misma organización amenazó con tarjetas amarillas a los capitanes que usaran el brazalete “One Love”, un brazalete que formó parte de una campaña en contra de la discriminación. Esto nos dice algo claro: la FIFA es una organización selectiva y performativa.
En México el contexto no es diferente. Como señaló para La Cadera de Eva Lords González, integrante del comité organizador de la Marcha Lencha 2026, este año la FIFA eliminó su campaña contra la discriminación, mientras que intenta promover “juegos de exhibición” de personas LGBTQ+.
Desde 2023, la FIFA impulsó la iniciativa Unite for Inclusion, una campaña diseñada para promover la diversidad y la no discriminación, sin embargo, en plena temporada mundialista, la campaña no se ha activado en ninguna de las tres sedes del torneo, incluído México.
La organización Human Rights Watch (HRW) ha denunciado que esta omisión no es casual, sino que representa una decisión que debilita las promesas de la FIFA en materia de derechos humanos, dejando desprotegidas a las poblaciones LGBTQ+, migrantes y periodistas.
Y sí, seguramente viste algún cartel en la Capital del país con las leyendas “Ciudad de México, capital del fútbol y de la inclusión” o “Ciudad de México, capital del fútbol y del feminismo”. Sin embargo, esto no es suficiente para abordar la discriminación contra personas LGBTQ+ y, por el contrario, solo lo disfraza.
El fútbol hegemónico no es para todas, todos y todes mientras sostiene alianzas con organismos antiderechos. La pasión persiste, pero los derechos se defienden.
¿Qué piensan? Cuéntanos en los comentarios.

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